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Tararí que escribí
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Escribir en el ordenador en general y en la pizarra digital en particular aporta un valor añadido a la escritura en cuaderno: la posibilidad de corregir, de repasar, de revisar ortografía... 

 

Eliminada la preocupación por el aspecto de lo escrito, ya que no somos escribanos ni queremos educar copistas, es posible centrarse en el contenido, si es esto lo que nos interesa,  y nos interesa porque un buen escritor es un buen lector –apasionado y crítico- y a escribir (no a producir signos, sino a producir mensajes) sólo se aprende escribiendo. La ventana electrónica proporciona a los productores de textos una amplísima gama de posibilidades de las que carece el cuaderno:

 

  • Entre una palabra y otra palabra siempre puede haber una palabra más, o dos, o tres... Incluso antes de la primera palabra puede haber una nueva primera palabra y otra más... Imaginaos lo que ganamos en expresividad. 
  • Entre una palabra y otra palabra puede haber una palabra que sobra, o dos, o tres... Imaginaos lo que ganamos en concreción.
  • En vez de una palabra puede haber otra más acertada. Imaginaos lo que afinamos en semántica, como mejoramos nuestro vocabulario. Y además, si usamos un procesador de textos evolucionado, disponemos de un diccionario de sinónimos.
  • En vez de una palabra incorrecta podemos poner otra palabra correcta. Pensad lo que ganamos en ortografía (y el valor de la corrección inmediata en ortografía, que impide que los niños “convivan” con la palabra mal escrita).
  • Entre una frase y otra frase siempre puede haber otra frase, y podemos cambiar una frase de sitio y reordenar el escrito. Imaginaos lo que gana nuestro pensamiento.

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